lunes, 16 de junio de 2014

Secret agent (Agente secreto) – 1936



Argumento: El agente secreto Ashenden (John Gielgud) es enviado a Suiza para encontrar y asesinar a un espía alemán. Para ello cuenta con la ayuda de Elsa Carrington (Madeleine Carroll) y de “El General” (Peter Lorre). Una vez en destino, Ashenden y El General asesinan primero al hombre equivocado (Percy Marmont), descubriendo luego al correcto (Robert Young).-

Luego de The thirty – nine steps (Treinta y nueve escalones), esta película representa una ligera caída en la obra de Mr. Hitchcock. Visualmente no se destaca demasiado; el ritmo no es tan uniforme con el de su predecesora y el argumento presenta algunas áreas grises.-

Esta película está claramente dividida en tres actos, cada uno de una duración aproximada de treinta minutos. El primer acto tiene el espíritu de una comedia romántica de enredos; el segundo es oscuro y el mayor peso se encuentra en tanto en los dilemas morales que desata la muerte de Caypor como en la relación romántica entre Elsa y Ashenden; y el tercero está dedicado mayormente a resolver la intriga de espionaje. En su conjunto, estos actos no siempre guardan la cohesión esperable, y por momentos nos parece que acaba de empezar una película diferente.-

La trama plantea a “nuestros amigos los verosímiles” dudas parecidas a las que ya habían
tenido en The thirty – nine steps (Treinta y nueve escalones): ¿por qué una misión tan importante es encomendada a tres personas que claramente no tienen la preparación necesaria? Ashenden (Brodie, en realidad), es un novelista que no parece tener aptitudes especiales para el trabajo, además de que presumiblemente sea una persona conocida y por ello reconocible (aunque, por otro lado, tal vez su obra no tuviera difusión fuera de Inglaterra o bien su rostro no fuera tan público, considerando que la película transcurre en 1916). Elsa es una joven en busca de aventuras que “pisó muchas cabezas para conseguir ese trabajo” (deducciones aparte…). Y “El General” no es más que un asesino profesional y cuando logra encontrar la pista correcta, lo hace más bien por casualidad. Claro que por el bien de la historia, conviene que “los buenos” no sean sabuesos experimentados, aunque ello no sea tan beneficioso para Caypor y su esposa… Dicho sea de paso, este es probablemente un caso único en la filmografía de Mr. Hitchcock, en el cual la historia no está contada desde el punto de vista del “hombre equivocado” sino, por el contrario, desde el de sus perseguidores.-

Desde el punto de vista del diseño de producción y el vestuario, debo decir que aunque un título al comienzo de la película nos anuncia que la historia transcurre en 1916, posiblemente la única pista de ello sea este título. Por lo demás, no hay demasiado que nos haga pensar que no estamos en 1936, año de la filmación, toda vez que la ambientación no pareció preocupar en lo más mínimo a Mr. Hitchcock… Claro que siempre cabe la posibilidad de que ello no se deba a un descuido sino a una decisión consiente: de hecho, esta es la primera película del director en la cual el trasfondo político está precisamente definido. Aquí ya no se trata, como en películas anteriores, de insinuar que “una cierta potencia extranjera” estaría implicada en la trama, sino que directamente se identifica al enemigo en consonancia con la política del momento (además de sugerirse la posibilidad de que haya traidores entre los propios, o al menos entre quienes aparentan serlo).-

Mencioné anteriormente que la película está filmada en forma bastante tradicional, aunque hay una toma que se destaca. Se trata de una toma subjetiva, desde el punto de vista de Ashenden, en la secuencia en la cual El General asesina a Caypor: se trata de un travelling lateral que comienza con un plano de ambos a lo lejos y luego encuentra al telescopio por el cual observa Ashenden, ampliando la imagen. Por otro lado, siguiendo en el plano estético, hacia el final de la película encontramos un elemento favorito de Mr. Hitchcock: la utilización de miniaturas. La secuencia que transcurre en el tren está realmente bien lograda y aporta emoción al desenlace.-

La utilización del sonido tiene, a mi criterio, cuatro momentos para destacar, y con finalidades distintas. El primero de ellos se desarrolla en la iglesia a la que Ashenden y El General van para encontrarse con el doble agente que les dará información. Cuando ingresan se escucha una única nota en el órgano, sostenida a lo largo de la escena, y que aumenta en volumen a medida que los personajes se acercan al organista. Este sonido monótono y constante genera una tensión casi insoportable y no se interrumpe sino hasta que descubrimos, junto con nuestros protagonistas, que el organista fue asesinado y que es el peso de su cuerpo el que hace sonar el instrumento. La duración de la escena está bien manejada por Mr. Hitchcock, ya que no extiende mucho más de aquel punto en el que como espectadores comenzamos a sospechar que el organista murió… o bien que es un pésimo músico…

El segundo momento destacable ocurre en la escena del asesinato de Caypor, que ya mencioné anteriormente. A medida que Caypor se coloca en una posición de mayor peligro, su perro se inquieta más y más y el sonido de sus aullidos comienza a superponerse levemente con la acción que transcurre en la montaña. Toda esta secuencia es, además, un buen ejemplo de las posibilidades del montaje. La alternancia entre la escena del asesinato y la que se desarrolla en el hotel, fragmentadas en planos cada vez más cortos y sumadas a los sonidos desesperados del perro de Caypor, es angustiante aún cuando todavía ignoramos la inocencia de la víctima.-

En tercer lugar, cuando comienza el segundo acto de la película inmediatamente después
del asesinato de Caypor, nos encontramos en una celebración típica. Elsa, sin saber que la víctima era inocente, está trastornada por lo sucedido y mantiene la mirada perdida. Los cantantes que se presentan en la fiesta se acompañan con sonidos producidos por una moneda que rueda dentro de un cuenco metálico y tras pocos segundos los mismos resultan hipnóticos, en consonancia con el estado de nuestra protagonista.-

Finalmente, durante el tercer acto, que transcurre mayormente en la fábrica de chocolates, el estruendo de la maquinaria cumple una doble función: por un lado evita parlamentos superfluos, como serían los del guía que explica a Ashenden y a El General el proceso de producción y por otro aporta mayor ritmo a la escena.-

En Secret agent aparece por primera vez un recurso que Mr. Hitchcock afinará en las películas siguientes, cual es el de poner al espectador del lado del “villano”, generándole una crisis de conciencia. Aquí sabemos que Ashenden y El General deben tener éxito en su persecución, porque el hombre al que buscan es un espía y ha matado al organista en la iglesia, pero a la vez queremos que Caypor, a quien creemos culpable, se salve porque es víctima de una emboscada y su vida corre peligro. Mr. Hitchcock sabía que como espectadores instintivamente nos ponemos de parte de quien está en riesgo, y que cuando ése es el villano, ello nos hace sentir culpables, incómodos y perversos… Colocarnos en esa posición era simplemente irresistible para el maestro del suspense. Aquí hay, además, un elemento adicional: en este caso el “villano” no es tal, lo cual en este caso roza el límite de lo conveniente. El propio director reconoce en su entrevista con Truffaut que el hecho de que el protagonista asesine a un hombre inocente perjudica su consideración por parte del público. En este sentido, el único personaje que se redime tras la muerte de Caypor es el de Elsa, quien, conmovida por el dolor de la viuda del inocente, toma real conciencia de las consecuencias de su tarea e intenta convencer a Ashenden de renunciar antes de involucrarse más.-

Pasando de los personajes a los actores, debo decir que creo que en general están muy bien. John Gielgud y Madeleine Carroll tienen una química que, si bien podría ser mejor, es adecuada. Ella, particularmente, se destaca en cuanto acabamos de verla en The thirty – nine steps (Treinta y nueve escalones) en un papel muy diferente a este; aquí es enérgica y atrevida. Peter Lorre nuevamente se lleva los laureles: es superficial y mujeriego cuando puede, pero de inmediato se torna siniestro cuando el deber llama. Robert Young también está bien en su rol de seductor/villano, aunque aquí a mí se me escapa su motivación durante gran parte de la película, y me encuentro preguntándome por qué coquetea con Elsa cuando tiene una misión por cumplir. ¿Será que acaso descubrió su identidad? ¿Sólo buscará una distracción mientras se ocupa de sus asuntos? La cuestión me excede y sospecho que, si estoy en lo cierto y ha habido una falla en esto, la responsabilidad por ello es compartida entre guionista, director y actor…

Para ir terminando señalo brevemente que aquí, como en The man who knew too much (El hombre que sabía demasiado), de 1934, Mr. Hitchcock explota al máximo las posibilidades de la locación elegida. Suiza provee las montañas, las iglesias en pequeñas villas y las fábricas de chocolate que esconden conspiradores.-

En esta película Mr. Hitchcock no hace su tradicional aparación. No volveremos a encontrarlo hasta Young and innocent (Inocencia y juventud), de 1937.-

Secret agent (Agente secreto) se consigue en Argentina en una presentación doble con Number seventeen (El número diecisiete), con bastante buena calidad de imagen y sonido y subtítulos en español correctos.-

4 comentarios:

  1. Mi querida Bet, fíjate que creo que no he visto esta película (o no la recuerdo apenas) porque al ver el título la he confundido con otra que me apasiona Enviado especial (Foreign Correspondent) con Joel McCrea (cómo me gusta este actor, madre mía). De nuevo tu texto me ha dado pistas importantes y sobre todo me ha encantado una reflexión que has realizado de la película: "poner al espectador del lado del 'villano'" como una de las premisas importantes de Hitchcock. De pronto me has hecho recordar villanos a los que a pesar de su maldad se les tiene un cierto 'cariño'. Así me ha venido a la cabeza el tío Charlie, Norman Bates, Alexander Sebastian (el que me da más pena de todos y, Dios mío, ¡es un nazi!) o siempre me ha parecido muy atractivo Phillip Vandamm (pero es que tengo debilidad por James Mason). Y todos son malvados, malvados...

    Besos
    Hildy

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola querida Hildy! Es cierto que los "villanos" de Mr. Hitchcock suelen ser mucho más queribles que los "héroes", Alexander Sebastian a la cabeza (y es verdad ¡es un nazi!, pero tan vulnerable y con una madre tan terrible...). En breve me toca encargarme de otros dos que también terminan dando un poco de pena: Verloc en "Sabotaje" ("Sabotage") y el músico loco por celos en "Inocencia y Juventud" ("Young and Innocent").-
      (En otro orden de cosas, tengo que buscar más películas de McCrea y de Mason...).-
      Un beso grande, Bet.-

      Eliminar
  2. Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.

    ResponderEliminar
  3. Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.

    ResponderEliminar